Esta semana los agricultores están en pie de guerra para defender según
ellos sus derechos, y según al menos yo, sus intereses. Me parece correcto
que se preocupen por su futuro -todos lo hacemos- pero no entiendo por qué
el estado parece obligado a solucionarles a ellos los problemas mediante
cheques, y no al resto de los ciudadanos, que al final son los que pagan la
factura.

Los europeos en general tenemos una muy buena imagen de nosotros mismos,
como si no hubiésemos roto un plato en nuestra vida. La historia es muy
complicada como para enredar en ella y poder sacar algo realmente útil. El
presente merece mucho más la pena porque aún podemos cambiarlo. Y lo cierto
es que Europa es actualmente responsable en buena medida de la pobreza y
hambruna en muchos países del 3er mundo. Suena duro pero así es. Antes lo
hacíamos vía colonialismo, ahora vía restricciones al comercio, bueno sólo
al que nos interesa.

Hace 3 años asistí en Londres a un cóctel de recaudación de fondos de la
Clinton Foundation. Bill Clinton nos contó como en uno de sus últimos viajes
como presidente a África un niño se le acercó y le mostró una gorra tipo
americana de las que fabricaban en un taller cercano. El niño le dijo al
presidente que sabía cómo solucionar los males de su país, que era
fabricando muchas de esas gorras, pero que había un escollo que no
comprendía muy bien: que no les dejasen venderlas a Estados Unidos. El
expresidente Clinton reconoció ante la audiencia que esa fue una de las
pocas veces en su vida que se quedó sin palabras.

Afortunadamente la industria textil se está liberalizando a buen ritmo. Esto
conlleva algunos ajustes dolorosos a nivel privado pero nada grave sucede a
nivel general, todo lo contrario, hay empresas en España que se centran muy
exitosamente en el diseño y distribución textil mientras que muchas
comunidades africanas y asiáticas encuentran un medio de vida con cierta
perspectiva. Es cierto que se cometen abusos, pero la manera adecuada de
corregirlos no es con un abuso mayor, que es la negación de la igualdad de
oportunidades para ganarse la vida.

Ahora es turno del sector agrario, de mucha más trascendencia para el mundo
en desarrollo. Me preocupa el futuro de todas esas familias europeas de
agricultores, pero el de los niños africanos todavía más. La libertad de
empresa ha de ser respetada como cualquier otro tipo de libertad.

P.D.: Adjunto un link a una presentación muy interesante que llegó a mis
manos hace tiempo y que parece contener información rigurosa sobre la PAC y
sus efectos.

http://www.hernandezmarcos.net/ext/hiPACresia.pps
www.clintonfoundation.org


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